
José Manuel Villalpando y el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) convocaron a Ric Birch como consultor para desarrollar las celebraciones del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución a fin de organizar una celebración "con el más alto estándar internacional". Como si los artistas mexicanos no hubieran demostrado que lo mejor de México es su cultura. Internacionalmente es lo único que México puede presumir. No sus decisiones económicas o de gobierno en general. Fuentes anónimas señalaron que el costo de estos festejos y esta consultoría puede ascender a mil millones de pesos ¡En un sólo día (máximo dos) se piensa derrochar esa cantidad! Y al mismo tiempo el gobierno pide a las universidades, premiadas por otros países, que reduzcan sus presupuestos.
Todo parece indicar que es una más en la cadena de malas decisiones del gobierno federal para estas celebraciones. Parece que sigue en pie aquella de editar un sólo librote oficial en varios millones de ejemplares, al más puro estilo soviético. Demostraciones de fuerza y de grandeza centralizada en contra de la diversidad cultural, que es nuestra verdadera riqueza.
Creo que debemos alzar la voz acerca de estos gastos económicos que no llevan necesariamente a una mejoría. No porque el tema electoral sea efervescente ahora debemos olvidar que hay más cosas sucediendo en el país. No nos vaya a pasar como con el pánico de la Influencia que permitió a los diputados y diputadas del la LX legislatura atentar contra los derechos de la población al aprobar por unanimidad la iniciativa de ley promovida por el Consejo Coordinador Empresarial (CEE) que quebranta el derecho de la ciudadanía a denunciar abusos del poder político y económico y el acceso a la administración de justicia y que otorgó el monopolio de las acciones ciudadanas a PROFECO, PROFEPA y CONDUCEF.
No podemos pavonernos y tratar de esconder los 100 mil millones de problemas que tiene México con una fiesta de 100 mil millones de pesos. Así como están las cosas en México termino preguntando ¿siquiera tenemos algo que celebrar?
En diferentes periódicos se han publicado comentarios que apoyan esta iniciativa “como una clase magistral para los productores nacionales”, “como una fiesta llena de belleza y de creatividad con un valor que no tiene precio” o bien “como una excelente inversión si se acompaña de una amplia difusión internacional". Muchos otros, en los que me incluyo, pensamos que se puede hacer una fiesta enorme pero no sobrepagada, con creadores de México y de otros países. E incluso usar el resto del dinero en otros proyectos. Esa “pequeña” cantidad de dinero nos sería muy útil para detalles como: asegurar la creación de jardines de niños (no flamables), rehabilitar cientos de centros de salud, ayudar realmente a la cultura en méxico dándoles más incentivos a los pequeños artesanos (¿algo más?). Pero parece que la gran fiesta de la diversidad mexicana seguirá esperando su hora. ¿Otros cien años?
Andrea Ruy Sánchez de Orellana
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